Solo en lo que va de este año, se registraron más de 700 reportes sísmicos. En Hombro a Hombro, recalcan que todas las familias deben contar con una estrategia para responder ante situaciones de desastre.
Nuestro país tiene una larga historia de actividad sísmica debido principalmente a su ubicación. El contacto entre las placas de Nazca y Sudamericana genera una actividad permanente que se refleja en cientos de movimientos registrados cada año. Solo para finales del mes pasado, el Centro Sismológico Nacional (CENSIS) del Instituto Geofísico del Perú (IGP) alcanzó los 700 reportes sísmicos de 2026.
Esta cifra, sin embargo, no permite anticipar la ocurrencia de un movimiento sísmico de gran magnitud. Los expertos han señalado que uno de los principales riesgos de los sismos es que no se pueden predecir. Por ello, la preparación es clave para reducir las condiciones de riesgo y contar con una estrategia que defina cómo actuará cada uno de los integrantes.
Plan familiar de emergencia
“Uno de los primeros pasos es identificar qué elementos de la vivienda podrían provocar daños durante un sismo. Grietas, desniveles, ventanas sin protección, escaleras en mal estado u objetos que puedan caer deben ser revisados y, en la medida de lo posible, corregidos”, explica Juan Manuel Arribas, director ejecutivo de Hombro a Hombro, la iniciativa que coordina la participación del sector privado para enfrentar desastres de gran magnitud. “Adicionalmente, es necesario mantener libres las rutas de evacuación y establecer las zonas seguras de la vivienda”, agrega.
El siguiente paso -explica el experto- es convertir esas medidas en un plan familiar. No basta con saber dónde está la mochila de emergencia: cada integrante debe conocer su responsabilidad, definir un punto de encuentro y tener claro cómo comunicarse con los demás si el sismo ocurre cuando la familia está separada. Estas recomendaciones deben considerarse dentro del plan familiar de emergencia.
Mochila de emergencia
Asimismo, indica el director ejecutivo de Hombro a Hombro, la mochila para emergencias forma parte de esa preparación. Debe ubicarse cerca de una ruta de evacuación y contener artículos básicos como agua, alimentos no perecibles, botiquín, linterna, radio, silbato y elementos de higiene. Su contenido debe adaptarse a las características del hogar, por ejemplo, cuando hay niños, adultos mayores o mascotas.
“No podemos saber cuándo ocurrirá un sismo, pero sí podemos decidir cómo nos encontrará. Una familia que ha conversado previamente, identificado sus riesgos y definido qué hará cada integrante puede responder de manera mucho más ordenada en los primeros minutos de una emergencia”, señala Juan Manuel Arribas.
La importancia de la coordinación
La preparación tampoco termina en el hogar. En una emergencia de gran magnitud, la demanda de ayuda puede superar la capacidad de respuesta inmediata de los servicios públicos. Por ello, la coordinación entre familias, comunidades y sector privado puede ser determinante para atender las necesidades más urgentes de la población afectada.
“El sector empresarial tiene un papel importante en esa primera respuesta. Cuando ocurre un desastre, las familias damnificadas necesitan alimentos, agua, artículos de higiene, logística y otros recursos con rapidez. La capacidad de las empresas para movilizar bienes y recursos permite complementar la respuesta de las autoridades y atender necesidades urgentes mientras se recuperan los servicios”, agrega Arribas.
Considerando esto, Hombro a Hombro recomienda que la preparación sea tomada como una tarea permanente por las familias. Revisar la vivienda, acordar roles, establecer un punto de encuentro, mantener lista la mochila de emergencia y practicar el plan familiar mediante simulacros pueden significar una gran diferencia para reducir riesgos. El contar con un plan familiar de emergencia permite fortalecer las capacidades de preparación y respuesta frente a los peligros recurrentes de cada zona.

