La elección de una carrera universitaria representa una de las decisiones más importantes en la etapa formativa de los jóvenes.
Sin embargo, en muchos casos, esta elección se realiza sin un proceso previo de reflexión personal, información adecuada ni acompañamiento profesional.
El rol de la orientación vocacional
La orientación vocacional cumple una función fundamental en este proceso, ya que permite identificar intereses, habilidades, aptitudes y valores personales. Contar con este acompañamiento ayuda a los estudiantes a tomar decisiones alineadas con su perfil y con sus expectativas de desarrollo profesional.
“Cuando somos jóvenes, es posible que reconozcamos nuestras habilidades, pero no sepamos nombrarlas. Por ello, es necesario permitir que los adolescentes pasen por un proceso de orientación vocacional y profesional; las pruebas psicológicas les permitirán ponerle nombre a las capacidades que ya poseen”, explicó Yepsi Long, psicóloga y docente de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP).
Para la especialista, el autoconocimiento desde edades tempranas es la base para elegir una carrera acorde a las capacidades individuales. “Iniciar estos procesos desde la etapa escolar favorece decisiones más conscientes sobre la educación superior y reduce la deserción académica. Contar con información y espacios de reflexión resulta clave para que los jóvenes construyan su proyecto de vida de manera informada”, añadió la docente de la UTP.
Construir el futuro con seguridad
En un contexto en el que las decisiones académicas marcan el rumbo del desarrollo personal, contar con espacios de orientación se vuelve fundamental.
“Estos procesos no solo brindan datos, sino que acompañan a los jóvenes en la construcción de aspiraciones reales. Elegir una carrera desde la reflexión permite avanzar hacia la educación superior con mayor seguridad, fortaleciendo la autorrealización y el compromiso con el propio futuro”, puntualizó la especialista.

