“De la maleabilidad al deseo”: Redefiniendo el Yo a través de la fotografía

“De la maleabilidad al deseo”: Redefiniendo el Yo a través de la fotografía

Verónica Cerna describe la fotografía como un método de catarsis, de descubrimiento personal y constante transformación de los paradigmas. Tras dos años de experiencias en Nueva York, la fotógrafa peruana de 25 años regresa a nuestro país, para sacar adelante un osado proyecto, que cuestiona radicalmente los cánones establecidos sobre la identidad de género. “De la maleabilidad al deseo” se presenta el viernes 30 de Junio a las 8pm en Espacio La Sala (Calle General Mendiburu 254 dpto. 101, Miraflores). Ingreso libre.



 ¿Cómo descubriste tu pasión por la fotografía?

Cuando tenía 15 años empecé a experimentar con una cámara súper sencilla. Tenía una obsesión por retratar cuerpos, principalmente femeninos y desnudos. Después de muchos años, entendí que mi formación católica me había enseñado a tener demasiado pudor y vergüenza sobre el cuerpo, y que estuve intentando liberar esos miedos a través de la imagen.

¿Te dedicas a ello a tiempo completo? ¿Desde cuándo?

Ya desde ese entonces tenía claro que mi principal motivación era crear imágenes. Sabia que quería estudiar fotografía, pero me sentía obligada a estudiar una carrera universitaria primero, así que me metí a comunicación audiovisual, de lo cual no me arrepiento para nada. Ahí empecé a tener una formación mas teórica en foto y en video. Creo que el haber empezado por una formación de imágenes en movimiento hizo que vea las fotos de una manera distinta: que busque siempre tener una narrativa en una imagen fija, o viceversa, que los videos sean tan contemplativos que me hagan crear cada encuadre como si fuera el único recuadro en el que puedes contar algo.

“De la maleabilidad al deseo”: Redefiniendo el Yo a través de la fotografía

¿Consideras entonces que el cuerpo ha sido uno de tus temas principales o más frecuentes en tu trabajo fotográfico?

Creo que mi atracción visual inicial era pensar el cuerpo como objeto, y por eso en mis primeros proyectos deconstruía y alteraba cuerpos. Jugaba a transformarlos casi como si la piel fuera plastilina, siempre afanadísima con una estética surrealista u onírica. Con el tiempo, hay ciertas fijaciones que se mantienen, pero también surgen más preguntas y me empecé a cuestionar qué intento decir sobre estos cuerpos… y ahí fue que empecé a pensar en identidad y performance. En quién somos cuando nadie nos ve, y quién somos para el otro, cuando no sentimos constantemente observados.

¿Cómo fue que llegaste a el proyecto “De la maleabilidad al deseo”?

Había terminado un proyecto de autorretratos que fue bien intenso, fue algo así como un ejercicio de introspección. Me hizo pensar un montón en lo que significaba ser una mujer, limeña, criada en una familia conservadora y cómo eso influenció en mi identidad. Cuando estuve lejos de Lima, era como llevar en una mochila todas mis memorias y miedos y analizarlos desde afuera. Creo que después de eso, logré entender un poco más de lo que soy; sentí que quería empezar a conocer otras historias, otras voces. Uno se explora también a través de otras personas, y más aun cuando hay una sensación de pertenencia, de haber crecido en el mismo territorio y compartir tanto en común.

A todo eso se sumó el que, a fines del 2015, el congreso negase el proyecto de matrimonio igualitario. Leía tantos comentarios celebrándolo, con tanto miedo e intolerancia… Sentí que nos falta mucho por hacer. Estar afuera me hizo cambiar la idea de estar en un país que tiene algo que ofrecerme a mi, por ir a un lugar en el que tal vez yo podría aportar algo, y el poder de las imágenes es súper importante. Hay que generar todos los espejos posibles que nos reflejen como sociedad.

“De la maleabilidad al deseo”: Redefiniendo el Yo a través de la fotografía

¿Fue en ese momento que decidiste volver a Lima para realizar el proyecto?

Viajé por un mes a Lima, en enero del 2016. Mi intención era hacer todos los retratos y entrevistas que pueda, pero sentí que no había podido pasar el suficiente tiempo con cada persona. Los retratos eran muy rígidos, estaban muy orientado a simplemente visibilizar identidades, y sentí que no era suficiente, que faltaba más. Después de unos meses, decidí mudarme de vuelta y dedicarme al proyecto, y claro que también a sobrevivir. Siempre fui haciendo pausas entre sesiones para repensar qué era lo que quería decir, hacer retratos por ser personas LGBTQI no era suficiente, no quería retratar desde la victimización sino desde el empoderamiento.

Había que empezar desde cero…

Sí, y empecé volviendo a fotografiar a personas con las que no había podido pasar suficiente tiempo. Esto fue bravazo, porque ya había un vínculo de mucha más confianza; incluso yo estaba menos tímida. Les contaba que quería hacer algo más íntimo, y que quería que cada quien me lleve a un espacio que elija, que las fotos se conviertan más en una colaboración, en lugar de ser yo quien elija las circunstancias. Era un ejercicio de confianza mutua y de empatía. Creo que cuando alguien te da el poder de retratarle, tienes que ser muy empática, leer cómo se siente, comunicarte para que pueda sentirse súper libre de expresarse.

“De la maleabilidad al deseo”: Redefiniendo el Yo a través de la fotografía

¿Cómo contactaste a los retratados?

Miles de horas stalkeando en Facebook. Buscaba fotos de eventos, grupos de activismo, y así una persona te lleva a otra. Mi intención era no fotografiar a alguien que conociera de antes. Quería salir de mi círculo, conocer gente nueva, que ambos seamos extraños y que aun así pudiésemos hablar libremente.

¿Cuál fue la reacción de las personas al contactarlas?

Siempre que escribía el mensaje pensaba, “qué extraño debe ser que una desconocida te escriba por redes sociales para fotografiarte”…. Siempre se te queda el chip de desconfiar de una persona extraña. Pero fue alucinante la buena onda que recibí de la gran mayoría; un montón de entusiasmo y confianza, cosa que valoro muchísimo  porque al principio del proyecto no tenia ni amigos en común con la mayoría de personas a las que escribí.

La primera persona que fotografié fue un chico al que conté que vivía en Nueva York y que estaba viajando a Lima en unas semanas para hacer los retratos. Me dijo que lamentablemente nos íbamos a cruzar, porque el viajaba a NY un día antes que yo llegue. Pero como coincidíamos por un día, coordinamos para que venga directamente del aeropuerto a mi casa en Brooklyn, y fue la primera persona que fotografié. Percy Yeah se llama, un amor.

“De la maleabilidad al deseo”: Redefiniendo el Yo a través de la fotografía

Veo que algunas fotos no son de Lima, ¿a qué otros lugares viajaste?

Viajé a Cusco dos veces, y a Iquitos. Siempre pensé en este proyecto como un viaje largo, retratando como concebimos el género dentro de un país tan múltiple cultural y geográficamente. Solamente Lima alberga tantos mundos distintos… Para mí esto es solo el inicio, quiero volver a Cusco; Iquitos y todos los lugares nuevos que pueda, seguir explorando y retratando, pero sobretodo, conversando, conociendo personas.



¿Qué reacciones esperas tú por parte del público?

Hasta ahora, he sentido demasiada curiosidad por parte de las personas a las que les he enseñado las imágenes; me preguntan con intriga sobre los retratados. Quiénes son, cómo se identifican, qué genero biológico tienen. Y me parece curioso que pareciera que todos tenemos la necesidad de saber a qué cuerpo nos enfrentamos, cómo lo definimos, en qué lo encasillamos, cómo lo tratamos. Me imagino también que generará cierto rechazo… Somos una sociedad súper conservadora, y cuestionar los principios con los que hemos crecido toda la vida no es un ejercicio fácil, pero creo que cada vez estamos generando más preguntas, más diálogos. La idea no es pretender que todos pensemos igual, sino intentar comunicarnos…

¿Definirías ésta serie como un proyecto fotoperiodístico?

Tal vez más del lado documental; al fotoperiodismo siempre lo relaciono con un ejercicio que busca una objetividad y narrativa informativa. Hay una documentación de personas e historias reales, pero los espacios no necesariamente son “reales” sino más sensoriales. Me gustaría que poco a poco se convierta en algo así como una estética de documental surrealista; no sé siquiera si eso existe.

¿Qué ha sido lo más relevante que descubriste en todo este proceso de casi un año y medio?

Creo que hay una búsqueda en común, de repensar la identidad como un proceso de constante cambio en lugar de algo rígido y estable. De esto viene el concepto de género fluido, de no encasillar nuestra identidad o sexualidad en un solo parámetro, sino de aceptar la fluidez de convertirse constantemente. De flexibilizar nuestras ideas rígidas de “así debería comportarse una chica heterosexual”, o “así debe vestirse un chico gay”. También es una visión generacional, buscar constantemente las individualidades. Cada quien busca definirse bajo sus propios parámetros, nadie quiere ser como el resto.

En verdad son muchas cosas interesantes, pero por mencionar una última, es demasiado importante el impacto que ha tenido la tecnología y las redes sociales en nuestra manera de pensar y comportarnos. Saor Sax, en Iquitos me contaba que su principal inspiración fue Lady Gaga, quien le hizo sentir que estaba bien ser diferente y expresarse a su manera. Todo está cambiando tan rápido… el flujo de información y de producción de contenido es infinito. Hay que ver en dónde estaremos de aquí a unos años, y cómo cambiarán los conceptos, porque, finalmente, las ideas también se reestructuran con el tiempo.



Para leer más detalles sobre la próxima exposición de Verónica Cerna, te invitamos a revisar el evento en Facebook: http://bit.do/Maleabilidad-Deseo



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